Ayer anduve de discos, y cayeron buenas compras. El single de Dance to the music de Sly and the Family Stone, con la tremenda Underdog en la cara B (yeah yeaaah!...sí, la que hacen los Dirtbombs), otro de Graham Parker (No holding back), Joan Jett, 2 LPs de los Flaming Lips de los 80, y sobretodo una copia nuevecita del Flip your wig de Hüsker Dü.
Hüsker Dü siempre me han parecido un grupo ejemplar en actitud, con una evolución impoluta y envidiable, por lo cual les admiro muchísimo. Flip your wig, fue el último disco que descubrí de ellos, bastante tiempo después de haber dejado de buscar discos suyos. Fue mi amigo Ángel Kaplan el que, al saber que no lo tenía, me lo grabó al instante. Y vaya descubrimiento. Cuando pensaba que no iba a haber nada mejor que el New Day Rising, aparece este disco, que se convirtió en mi favorito al momento.
Es impresionante comprobar como en el mismo año, 1985, tras haber sacado el año anterior el ambicioso Zen Arcade, fueron capaces de editar dos discos de la talla del New Day Rising y este Flip Your Wig, sin olvidar que el año siguiente sacarían el Candy Apple Grey. En solo dos años sacaron esos 4 discos imprescindibles, fundiendo la rabia del hardcore americano de los primeros 80, con las melodías y la delicadeza del mejor pop, convirtiéndose en un referente básico para todas las bandas que vinieron después, desde los Pixies a Nirvana.
Y la razón de que este disco sea mi favorito es porque, aparte de tener soberbias canciones, me parece el más equilibrado que sacaron. El punto perfecto entre la rabia desatada del Zen Arcade (y discos anteriores), y el bajonazo en energía que supuso Candy Apple Grey. También podría pasar con el New Day Rising, pero me gustan más las canciones de este, y es que tanto Bob Mould, como Grant Hart, mi debilidad absoluta, se encuentran en una forma excepcional.
Solo hay que escuchar joyas del calibre de Flexible Flyer, Green eyes, Makes no sense at all, Hate paper doll o la misma Flip your wig, para darse cuenta de la capacidad de crear melodías que tenían esta pareja compositiva, siempre sin abandonar la violencia de las guitarras, y bajo una producción practicamente casera. Al escuchar esas canciones, habría que replantearse qué es el power-pop.
Pese a esa orientación claramente melódica, no traicionan sus orígenes y reparten rabia adolescente (más suave que antes, claro está) a raudales en temas como la claustrofóbica (por la letra) Divide and conquer, Find me, un presagio de los sonidos que vendrían, o en Keep Hanging on, otra desgarradora canción de Hart.
Me parece un disco imprescindible, muy accesible (pese a la austera producción que, por otra parte, ni en la multi abandonaron), con una portada preciosa y repleto de buenas canciones. Uno de los mejores discos de los 80, editado en uno de los mejores sellos, SST, y creado por uno de los mejores grupos del rock americano, Hüsker Dü.