Giant StepsHoy he decidido desempolvar uno de esos discos que se mantienen grandes en el recuerdo, pero se duda si han envejecido bien, o más bien, si han envejecido igual que nosotros. Giant Steps, de los Boo Radleys, es el típico disco mitificado e intocable que suele aparecer en las listas de "hay que tenerlo". En su momento, estaba totalmente de acuerdo con esos calificativos, y hoy he comprobado que mi opinión no ha cambiado en absoluto. Si acaso incluso ha crecido mi opinión del disco.

¿Y por qué me sigue impresionando? Porque es uno de los pocos discos que consigue absorber todo el legado de una época, la segunda mitad de los 60 en toda su extensión, sin resultar revivalista, plagiador ni obsesionado por obtener un sonido concreto. Bueno, quizá si se ve esa obsesión por tener un sonido, pero no el sonido de alguien, si no su propio sonido. Es un disco que pese a todas esas influencias claras que se dejan ver, logró sonar a 1993, no a 1967. Su cabeza pensante, Martin Carr, supo aunar lo mejor de la música independiente británica del momento, sobretodo el llamado sonido Shoegazing, del que ellos mismos provenian y que daba ya sus últimos coletazos, con la psicodelia clásica en todas sus vertientes, del que ese mismo estilo bebía.

Boo RadleysCuando lo escuché por primera vez, hace bastantes años, no conocía casi ninguna fuente de las que ahora distingo en esas canciones. Pero ello no hace que el trabajo pierda puntos, si no todo lo contrario. Un poco cansado de escuchar a bandas intentando calcar sonidos añejos, sonando añejos, sigue siendo sorprendente ver como se puede sonar a clásico, y a la vez fresco y contemporáneo. Y ojo, contemporáneo 12 años después de su edición, que esto sí que me preocupa. Y yo creo que lo hicieron, no obsesionándose con instrumentos, amplificadores o mesas de grabación, si no cogiendo simplemente la filosofía y el fondo de aquellas canciones. Qué querian expresar, e intentar reproducirlo.

Y es que en este disco los tenemos a todos. Si queremos a los Beach Boys del Pet Sounds, tal como deberían sonar pasados por 10 pedales de distorsión, ponemos Thinking of Ways. Si nos apetece escuchar a unos Love nacidos en Escocia, Butterfly McQueen. Si cruzamos el Atlántico y recreamos a los Zombies grabando para Creation, Leaves and Sand. Si nos da por el folk, pues One is for. Y si nos gusta rebuscar en los Rubbles, pues tenemos a un Caleb después de haber escuchado a Jesus And Mary Chain en Spun Around. Pero insisto, todo ello sin que alguien que no haya escuchado a esos grupos diga "esto suena a antiguo". Esa es la clave, que aunque conozcas las fuentes no puedes acusarles de calco. Y además todo mezclado con una coherencia perfecta. Incluso añaden cosas más dispares como el Free Jazz (Run my way runaway) o el Reggae y el Dub (Upon 9th and Fairchild) totalmente ajenos a aquellos tiempos, fusionados a la perfección con el resto de sonidos.

Boo RadleysPor supuesto, todo esto no valdría de nada sin buenas canciones, y éste disco las tiene de sobra. Sin "hits" directos, pero con un conjunto de joyas melódicas nadando en esos muros de distorsión (el nuevo Wall of Sound) que tan bien supieron crear a base de grabar decenas de guitarras unas encima de otras. Porque, al fin y al cabo, es un disco de su tiempo, aún tiene mucho de esa generación ruidista capitaneada por My Bloody Valentine (Rodney King), pero visto con el tiempo, superándola ampliamente. De forma alegórica, les dicen "adios" en White Noise Revisated: "What's that noise? do you remember?".

Wish I Was Skinny, Barney (...and me) o la "honeybusera" Best lose the fear son canciones enormes. I hang suspended, If you want it, take it o Take the time around son las que suenan más "contemporáneas" al 93, y vuelven a incluir su canción insignia, Lazarus, que tras ser editada en un EP poco antes de la edición del disco, encaja aquí perfectamente en una versión algo reducida, con ese comienzo de Dub puro y uno de los mejores estribillos que existen sin letra, grandioso y espectacular.

Boo RadleysEl caso es que me sigue pareciendo una obra maestra. Un disco con mil recovecos, lleno de arreglos preciosos, con una producción espectacular y que considero uno de los mejores discos de la década pasada. El problema de Boo Radleys es que en este disco encontraron el balance ideal, y lamentablemente se fueron balanceando hacia un extremo en el resto de su carrera. De verdad creo que es un disco que hay que tener y saborear poco a poco y con tiempo.