Desde que escribo este blog, me he dado cuenta de lo que cuesta describir la música con palabras. Es algo antinatural, ya que es discretizar o limitar una sensación de matices infinitos. Es algo que sucede con cualquier intento de describir algo que entra por nuestros sentidos, y supongo que ahí es donde se ve a un buen escritor.

kerouacCuando me leí En el camino de Jack Kerouac, lo que más me impresionó fueron las descripciones que hacía de las actuaciones de Jazz. Te transmitía las sensaciones de una manera que te hacía creer que estabas escuchando el concierto leyendo sus palabras. No soy un aficionado al Jazz, pero consigue que te guste por unos momentos y sientas ese toque "salvaje" que debía tener el estilo en esa época.

Como soy un desastre, anoche me tiré 1 hora buscando el libro por mi desordenada habitación, y no fui capaz de encontrarlo. Apareció Los vagabundos del Dharma, pero no tiene tantas referencias musicales (aunque me gusta más). Menos mal que he encontrado este excelente artículo en la red, que me ha salvado el post.

Supongo que un verdadero aficionado al Jazz se debe emocionar bastante con pasajes como estos:

"y más que la letra es la música y el modo en que Billie canta, lo mismo que una mujer acariciando el pelo de su amante en la penumbra. El viento aullaba. Tenía mucho frío".

¡Pagaría por describir de esa manera la voz de alguien! Y la manera en que describe noches locas en los clubs:

jazz-parker"Sus ideas eran muy sencillas. Lo que le gustaba era la sorpresa de una nueva y sencilla variación de un tema. Iba de “ta-tap-taderara, taderara”, repitiéndolo entre saltos y besando y sonriendo a su saxo... hasta “ta-tap-I-da-dera-RAP” y todo eran momentos de risa y comprensión para él y todos los que le oían. Su tono era claro como una campana, alto, puro, y tocaba justo delante de nuestras caras, a medio metro de distancia (...) y el pequeño saxo alto de la abuelita, aquel Carlo Marx saltaba y hacía el mono con su mágico instrumento y tocaba doscientos temas de blues, cada uno más frenético que el anterior, y no mostraba signos de debilidad o cansancio o de que fuera a dar por terminado el día. Todo el local se estremecía."

Y tras una larga noche de música:

"Flores santas flotando en el aire, eso eran todos aquellos rostros cansados en el amanecer de la América del jazz".

Me da rabia no encontrar el libro, porque tengo en la cabeza otros pasajes que no vienen en este artículo. Y es que esa emoción y pasión que te hace sentir en tus carnes al leerlo, es algo que se me ha quedado grabado. Muchos críticos deberían repasar libros como estos para dotar de frescura y pasión sus crónicas de conciertos o discos. Es la forma de despertar la curiosidad de la gente por algo, intentar impregnarles de tu pasión.